Soy tu nueva mamá...

Soy tu nueva mamá

Lea y Zu... se volvieron a conocer



Empecé con ilusiones y la idea de construir. Sabía que no sería color de rosa, ya lo había recibido de mis padres, pero nunca se me pasó por la cabeza la idea de abandonar el proyecto de vida que se había construido en mi mente desde la niñez, pues así nos construyen. Si es que el otro decía estar estar en sintonía con mis sueños, entonces seguiríamos adelante, una familia, de no ser así, estaba bien también, pensaba... y si hubiéramos sido un poco menos ignorantes de la realidad, de lo que nos esperaba y necesitábamos, quizás desistíamos de hacer el proyecto y también hubiéramos estado bien, pienso, aunque con ella.


Cada uno de nosotros es un mundo diferente, con motivaciones y experiencias únicas. Quizás por eso, cuando se derrumbó todo, no lo vi venir. Las causas no se revelan de inmediato, pero cuando llega la decisión y el acontecimiento final, trae consigo una avalancha de emociones. No lo vi venir. ¿Quién se casa o se une con alguien para luego separarse? Menos aún cuando hay hijos de por medio y se planea un futuro juntos, salpicado con pequeños placeres como hornear el postre favorito.


De pronto, en mi mente, los había proyectos en conjunto desaparecieron. Así como la imagen que había formado de mi misma. No solo eso, mi pequeña niña ya no saludaría a su papá al llegar del colegio con los brazos abiertos, no la vería al llegar de trabajar. Ya no cocinaría para una familia, ni usaría mis ollas y mi cocina para preparar el almuerzo familiar. Ya no existirían esas escenas que vi en la tele en los comerciales de Navidad con un pavo asado, chocolate caliente y un panetón sobre la mesa, ni postre horneado. Y eso... era apenas el principio.


Me vi sola, la vi sola, durmiendo con su mamá. La vi pidiendo tetita más seguido con desesperación, con un llanto de madrugadas enteras, debajo del mosquitero blanco, tratando de abastecerse de leche calientita, buscando amor de una madre con tetita seca, vacía por el desamor. El aumento de cortisol por la ansiedad y la tristeza había hecho lo suyo, era inevitable. La vi tratando de buscar refugio en una madre que para sobrevivir el shock, había decidido morir en vida, hibernar emocionalmente para no sentir por ese instante.  Y es que quería producir lechita con desesperación , como si intentara amortiguar alguna caída en picada, pero en vez, solo producía más lágrimas sin siquiera pensar. Intentó dejar de llorar para hacer un hack a la bioquímica, imposible, sólo encontraba: una madre vacía de leche, de corazón, de alma. 

Vacía al no saber cómo parar el dolor y el dolor de su dolor
Estos fueron los primeros días de avalancha. En lo siguientes empezaba a entrar en cuenta, entre claroscuro, que el espacio vacío que había que llenar, lo tendría que llenar alguien, y no había nadie más. Entonces tenía que ser yo, la adulta; empezando por ir secándome las lágrimas que no eran de la pérdida, sino del inesperado espacio vacío. Y probé tragarme las  lágrimas como si su destino natural fuera el sistema digestivo, para así convertirla en combustible para continuar, ahora las dos.                                                                              Con o sin fuerza. Así fue el inicio de la larga travesía que ya contaré o compartiré. Esto ha sido una pequeña muestra y pienso que es suficiente para mí. Sin embargo no quita que haya sido necesario o haber sido arrojada a atravesarlo con miedo y dolor... para reconstruirme y verme a mi misma como mujer, como ser social, como profesional... como Zury, como su mamá.

Me ha dolido contar esto, que es una parte vulnerable para mí. Suspiro, pero si lo pienso, siento dulzura y nostalgia, como cuando ves a una muñeca linda y dulce, pero rota en el piso. También lo siento lejano, como si se hubiera tratado de otra persona, no para sentirme superior, sino para abrazarla y respetarla. Amarla, amar a esa mamá en shock sufriendo, amar a esa mamá solita en las noches debajo del mosquitero con las luces apagadas y su bebe en brazos llorando, a esa mamá frustrada, enojada, amar a esa mamá que se odia por razones que no entiende, amar a esa mamá que no sabe lo maravillosa y poderosa que es y amar a esa mamá que esto atravesó con dolor y amor... para renacer junto a su hija con. Nos toco gatear, aprender a caminar juntas y hacer berrinches cada una a su modo. Hasta que la adulta toma la batuta y empezó aprendiendo que ver el sol con tranquilidad es un gran logro. Empezó a colocarse el labial rojo frente a un espejo con extrañeza primero, luego con libertad y sorpresa. Se vio libre y esperanzada... porque esto quiere decir, que su pequeña estará bien, que ambas estarán bien.
Porque si algo he aprendido en este viaje es que, ambas estaremos bien.

Te amo, Lea

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